
Tanto el tema de la charla como el ‘efecto Montenegro’ invitaban a convertir el acto en un trajín de bromas lascivas, sonrisitas e inspección visual previa a la pregunta clásica: “Y tú, ¿eres del mundillo”, tal y como me inquirió un fan fatal de Dunia. Él me explicaba hiperexpectante y con devoción temblorosa la ilusión que le producía ver a su fantasía en 3D, mientras se apresuraba a sacar de su mochila una cámara digital. Al poco, Dunia entraba acompañada de Lust y Ana S. Pareja, editora de Melusina, e inmediatamente el fan interrumpía bruscamente la conversación mientras arrastraba la silla como un resorte para observarla más de cerca. “Qué guapa viene”, susurraba mientras la escrutaba con la mirada en vertical: una pura sangre de cejas de punta y voluminoso tupé lejos de lo real.
Nada tiene que ver Dunia con las llamativas showgirls que pintó Verhoeven en su película de mediados de los 90, cargadas de ornamentos y destellos. El look Dunia podría definirse, fíjense, de elegante y discreto: negro riguroso, y dos detalles fetish deslizados con fina sutileza: monoguante de seda y tacones de más de diez centímetros casi imperceptibles. Por un momento resultaba difícil imaginarla haciendo posturitas extremas. Pero duró poco el espejismo, porque enseguida le agradeció a Lust –con notoria exaltación– el mejor orgasmo jamás tenido en un rodaje. Después se mostró como una mujer preocupada porque el cine explícito suela estar orientado a la, llamémosla, “catarsis masculina”, y el placer femenino sea inexistente o aparezca relegado a un tercer plano.
Pero, además de ese, si hay un motivo que justifique la existencia de ‘Porno para mujeres’ es el hecho de que, pese a tanto avance, el sexo en relación a la mujer siga siendo un tema tabú. Hay que agradecerle a Lust su defensa de un porno femenino, primero en forma de cine o artículos y ahora en forma de un libro a tener en cuenta. Con este ensayo entusiasta pero elegante viene a cubrir, de algún modo, un espacio virgen entre el estudio sesudo que han probado académicos como Román Gubern (‘La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas’) o literatos como Andrés Barba (‘La ceremonia del porno’) y el texto fanzinero de toda la vida, del que dan prueba los disfrutables ‘Pornomanía’ y ‘Videoguía X’, ambos de Manuel Valencia. Así que tres hurras por Lust. Y otros tres por Melusina y su equipo de diseño. Por hacer de ‘Porno para mujeres’ un libro práctico y rabiosamente atractivo.
Por L. Gamundí.- Fuente: Diametro.es









